NO NOS QUEJAMOS POR GUSTO

Publicado por Esther Salinas en

Recibo partes de trabajo de camareras con los cuales lloro, porque me duele, pero la indignación sentida la convierto en palabras y mis escritos las camareras lo hacen suyo y me convierto en voz, en una de tantas voces, con las que poco a poco iremos sustituyendo la precariedad laboral por estándares óptimos.

Definir cuál es el nivel de riesgo que se considera aceptable es prioritario, porque el tiempo corre siempre en contra de nosotras y los problemas de salud se irán agravando si las condiciones de trabajo no se modifican.

Las camareras realizamos nuestra tarea con ritmos rápidos y adoptando posturas forzadas y repetitivas. La empresa o centro de trabajo debe implantar sistemas de control que impliquen estudios de métodos y tiempos, especialmente si se vinculan a exigencias de productividad o a ritmos.

Curiosamente existe una norma laboral que obliga a evaluar los riesgos ergonómicos derivados de sistemas organizativos empresariales que implican fijar ritmos de trabajo pero está situada fuera de la normativa de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Se trata del Art.36.5 del Estatuto de los Trabajadores, pero ha de considerarse a todos los efectos, en el sentido de la Ley 31/1995 que forma parte de la normativa de Prevención de Riesgos Laborales. En aplicación de este artículo, en conexión con los artículos 14, 15 y 16 de la Ley 31/1995 y de los artículos 1 a 9 RD 39/1997, podemos decir que toda empresa en la que estén implantados sistemas de ritmos de producción es obligatorio realizar una evaluación de riesgos ergonómicos, aún más, están sometidos a la obligación de realizar lo que podría llamarse una «evaluación de impacto ergonómico», por riesgos de enfermedades músculo-esqueléticas. Soportamos un gasto energético superior al de un peón de albañil, riesgo por gasto metabólico.

El RD 1995/1978 de enfermedades profesionales lleva sin actualizarse un cuarto de siglo y necesita de una urgente actualización.
No se debería admitir como válidos ningún Plan de Prevención de Riesgos Laborales que no identifique estos riesgos y adopte las medidas necesarias. La medida preventiva sería determinar la carga máxima de trabajo.

Debemos aspirar a jubilarnos en plenitud de condiciones físicas (las acordes a la edad) y eso solo se conseguirá aplicando las prácticas preventivas necesarias, evitando los daños. Cualquiera de nosotras con más de quince años de antigüedad en el Dpto. De Pisos ya tiene lesiones músculo-esqueléticos que se seguirán agravando. Nos dará lo mismo jubilarnos a los 50 que a los 60, si por culpa de no eliminar los riesgos laborales estamos en unas condiciones físicas que no nos van a permitir desarrollar nuestra vida de una forma satisfactoria.

Esther Salinas

Algunos textos están recogidos del Instituto canario de Seguridad Laboral.


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