Una camarera de piso o camarista, preguntó una vez que cuántas habitaciones, en una jornada de trabajo, estaban establecidas por el convenio de hostelería…y bingo, no están establecidas. 
Ahora bien, ¿quién lo decide? Pues como mi idea no es culpar de este despropósito sino buscar soluciones conjuntas (Patronal, Sindicatos y Comités de Empresa) echémosle la culpa a los arquitectos/as.

Es este un tema muy serio, porque en esta carga de trabajo desproporcionada, se nos va literalmente la vida.

La carga para una camarera está en el número de camas que tiene que vestir (matrimonio cuenta como dos, y las camas de 1,35 también; las individuales de 90 cuentan como una) , el número de bañeras que tenga la habitación (hay baños que tienen bañera y ducha), el número de lavabos, el número de W.C, y por supuesto, los metros cuadrados que tenga la habitación, de lo que dependerá que tenga salones, o esté considerada una habitación sencilla, o si tiene terraza, solarium, o jacuzzi, ya sea dentro de la habitación o en terraza.

Voy a hacer un cáculo sencillo de mi trabajo diario. Hago 18 Hab. de unos 20m2. que sería en carga de trabajo 360 m2, con 36 camas y 18 cuartos de baño completos. ¡Joder, es que acojona! Y no he puesto triples, ni Junior Suit, ni tener que ir a diferentes plantas hasta completar las 18 hab., tampoco incluyo el aspirado de pasillos, ni el mobiliario, ni la reposición de toallas, ni la retirada de ropa sucia.

Pues digo yo, que si el hombre ha ido a la Luna y ha vuelto, si mandamos astronautas a la Estación Espacial Internacional, si sobrevuelan sobre nuestras cabezas miles y miles de aviones, tan difícil no debería ser establecer un baremo de carga de trabajo que sea soportable para una persona, en nuestro caso mayoritariamente mujeres, con el que sea posible no enfermar a largo plazo y quedar invariablemente discapacitada, porque según creo, la Prevención de Riesgos Laborales está para algo.

Escucho reiteradamente que la solución sería una jubilación anticipada, y yo me pregunto, ¿para quién es esa solución? Para nosotras desde luego no. Nos vamos a casa con la espalda destrozada, las cervicales dañadas, los brazos inservibles y una vez que dejamos las habitaciones llegó nuestro fin. No, el fin no es ese, llega un drama peor, pues si nos jubilan con 58 años, es un decir, lo que pillamos es una depresión, porque aún seremos jóvenes pero no podremos disfrutar de esa gozosa jubilación anticipada. No caigamos en esa trampa.

La solución es bajar la carga de trabajo y poder ir a trabajar hasta el día que nos corresponda jubilarnos.

Habrá que cambiar muchos de los uniformes de ciertos hoteles, eso sí, en los que todavía usan cofia y vestiditos con delantal, porque en chicas jóvenes y mujeres maduritas queda guay, pero en mujeres de sesenta años ya no tanto, y por desgracia, los hoteles se les llenarán de camareras mayores, lo que afeará la belleza de las galerías y de las zonas comunes.

Soterradamente aquí hay un machismo visceral, una degradación de los derechos fundamentales, una discriminación aterradora y una utilización vergonzosa de la mujer.

Ahora toca buscar soluciones, yo no las tengo, ni siquiera sé como empezar este cambio, pero alguien conocedor/a de este proceso lo leerá, eso espero con toda mi fe, y aportará soluciones para una mesa negociadora.

Somos un colectivo que necesita una solución, ¡ya!

Esther Salinas


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